Como lo Pienso lo Digo: La “cacata” que se adueñó de la tertulia

Juan Isidro Inoa/firma invitada Hormiga Radio Group.

Con frecuencia, el ingeniero Edito Díaz convoca a varios amigos a la casa del colega, amigo, y profesor Esteban Rosario, y Juan Isidro Inoa -o sea, “yo”- me encargo de coordinar el encuentro, para realizar una tertulia donde volteamos el país y lo arreglamos en ocho o nueve hora de teorías.

Son debates de calidad. Donde nadie niega lo que dice el otro, solo plantea un punto distinto y argumentado.

En ese encuentro se habla de política, pelota, religión, medio ambiente, historia, literatura, sexo, bajo mundo, alta alcurnia, doble moral, hipocresía. Todo entre romo, cervezas, vino, wiskys y todas las bebidas que cada uno lleve.

Es interesante escuchar exponer al profesor Domingo Caba, o las radicales teorías de Luis Córdova, los sopesados argumentos de Juan Castillo, Las emociones literarias de Pedro Domínguez Brito, las experiencias investigativas de Esteban Rosario, el “tigueraje” de Edito Díaz, los análisis de Ambiorix, las experiencias profesionales y el “cocinao” de Yessenia Minier, Las vivencias de Maribel, el silencio de María, las canciones y ocurrencias de Ricardo, la tardanzas de Gilbert, las bachatas de Máximo Laureano, la insistencia de Evelin en “cantar”, las salsas de “El Cafre” la celeridad de mis tragos y sobre todo, la atención a cada ocurrencia de cada uno. Cada quien tiene su espacio.

El pasado sábado lo hicimos, y no pudo quedar fuera de agenda los casos de Matos Berridos y el supuesto incesto de Pablo Ross y la teoría de Melton Pineda.

El tema se hizo intenso por los alcances obtenido en las redes sociales, y en punto más alto del debate, una cacata -tarántula- gigante, fue capaz de saltar la alambrada de trinchera, que, como protección de la delincuencia, tiene las paredes del patio. La cacata lo hizo sin problema alguno. Su presencia cambió el tema. Ahora el tema era si matarla o devolverla a su hábitat natural. Se optó por lo último.

La agarraron y la lanzaron de nuevo al bosque contiguo. Ahora se hablaba de los beneficios ecológicos y de los daños de las cacatas, pero al estar hablando de ellas, la cacata quiso estar presente y regresó de nuevo. Mi posición era la muerte y antes de que ocurriera, E Cafre la agarro, la entró en una funda y la lanzó de nuevo al bosque. Pero volvió.

Al regresar de nuevo, Edito lanzó la teoría de que esa era una “cacata espía” enviada por Pedro Domínguez Brito desde Turquía, donde se encontraba como árbitro de ajedrez, y desde allí la manipulaba para monitorear la tertulia y los intereses que de él allí estaban.

Esa teoría fue sopesada y secundada por varios de los presentes, tomando en cuentas las once llamadas que con anterioridad Pedro había hecho dentro de ellas cuatro videos llamadas.

Antes de discutir de nuevo sobre el destino de la cacata yo me quité uno de los Converse rojos que tenia puesto y la maté.

Les aseguro que no lo hice por guapeza. Lo hice con más vergüenza que valor, por y por el temor del dicho de que el que le pica una cacata tiene que comerse su propia mierda y como acto de sobrevivencia cualquiera lo hace. Pero después de hacerlo nadie puede sobrevivir al apodo ni podrá rebatir cuando en una discusión le digan” buen come mierda”.

Seguros de que ya estaba totalmente muerta, procedimos a confirmar la teoría del ingeniero Edito, y la desmenuzamos buscando un microchip dentro de su cuerpo y si sus ojos eran dos cámaras diseñada para espiarnos. Pero no. Era una cacata normal, que, al parecer, interesada por los contertulios, quería estar allí presente.

Lo que sí logró la cacata fue borrar nuestra agenda de comentarios y a partir de ese momento no se habló más de incesto, ni de Matos Berridos, ni de la guerra de las encuestas, ni el alza de los combustibles, ni de las huelgas choferiles, ni de la repostulación de Danilo, ni del enfrentamiento de Maduro y Trump.

Ahhh …Como estábamos en la casa de Esteban Rosario, seguro que él iba a poner el tema de los supuestos RD$ 260 millones de pesos que el alcalde Abel Martínez no ha declarado, y hasta eso se olvidó.